domingo, 17 de octubre de 2010

El cielo, el infierno y el mundo entero, está en nosotros.

Henry F. Amiel




Hola a Todos:

Hace unos días estaban pasando por televisión la película de "El Náufrago" (Cast Away) protagonizada por Tom Hanks y dirigida por Robert Zemeckis y a pesar de que ya la había visto un par de veces, la continué viendo. Al día siguiente me surgió la siguiente interpretación de la misma, principalmente de "Wilson" la pelota de volleyball a la cual Chuck (el personaje que interpreta Tom) hace su acompañante en su estancia en la isla perdida donde fue a parar al estrellarse el avión donde viajaba.

Creo que es bastante visible que, Chuck hace a la pelota su amigo y acompañante para mantener la cordura mientras espera ser rescatado, pero me parece que hay una visión más profunda de lo que significa Wilson en Chuck.

Muchas veces hemos escuchado que los demás son el reflejo de nosotros, que en realidad, cuando estamos interactuando con otro ser humano, no estamos interactuando con lo que es, sino, con la idea mental que tenemos de el, por lo tanto, percibimos de esa persona de acuerdo a los juicios y prejuicios que tenemos almacenados en nuestra mente, no podemos percibir, lo que en realidad no conocemos ni comprendemos el mundo. Así que habrá características de ese ser humano que simplemente no podremos mirar y las que sí, reales o ficticias, serán mas que el reflejo de lo que ya está en nuestra mente.

¿Por que sale esto?, Bueno, en la escena donde Chuck, después de cuatro años en la isla, esta haciendo cuentas de cuanta cuerda tiene que preparar para poder amarrar su balsa, el tiempo que tardará en prepararla y la coordinación de ese tiempo con las estaciones del año y las mareas, discute con Wilson quien le dice (segun Chuck) que esta mal, que no va a poder salir de esa isla, que esta perdiendo el tiempo, pero Chuck le dice, que no importa, que tiene que intentarlo, por que de otra manera se va a morir en esa isla sin siquiera intentarlo, de otra manera, prefiere morir en el mar haciendo el intento. Se enoja tanto con Wilson que lo avienta lejos de la cueva sacando la ira por estar en contra de él, claro, después reflexiona y se da cuenta que le ha hecho daño y que el es su única compañía y va en su rescate.

Esto lo podemos trasladar a cualquier momento de nuestra vida donde estamos emprendiendo cualquier desafío y llega una persona y nos dice, "no vas a lograrlo" por decir de algún modo a lo negativo que nos puede increpar sobre nuestra meta a lograr, lo que nos dice esa persona nos hace eco por que es lo que nosotros mismos estamos pensando, tal cual como Wilson es lo que Chuck esta pensando, en realidad, nadie, ningún ser humano se lo está diciendo, es "él mismo" representado en la pelota de volleyball.

Nosotros somos "náufragos" en el mundo, y todas las personas con las que convivimos son los "Wilsons" que están reflejando constantemente lo que esta en nuestro interior.

Si alguien te dice: "Eres un tonto", no es él diciéndote que eres tonto, eres tú, que crees que eres un tonto, pero, incluso, cuanto tu criticas o hablas mal de alguien mas sobre cualquier aspecto de su vida, no lo estas criticando a el, estas criticándote a tí mismo, por lo que esta en tu interior.

Al final, en la travesía de la balsa, Chuck pierde a Wilson y eso lo hace profundamente infeliz. Eso para mi revela que desprendernos de lo que somos, de lo que no nos deja avanzar, nos va a provocar un gran dolor, dolor que estamos evitando por que no queremos sufrir la pérdida, pero al dejarlo ir, podremos transformarnos y ser un ser mejor.

Por eso: "El cielo, el infierno y el mundo entero, está en nosotros".

Que tengan una excelente semana. Les mando un gran abrazo.

Fuentes:

Película "El Náufrago.

Frases Relacionadas:

Solo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder. F. Nietzche.
Quién tiene fé en si mismo, no necesita que los demás crean él.

domingo, 10 de octubre de 2010

Es muy fácil hablar de la carga cuando tú no la estas cargando.

CARGANDO EL VENADO.

(por Andrés Duarte Arellano)



Estaba un hombre a la orilla del camino sentado en una piedra, bajo la sombra de un frondoso huanacaxtle. Se le miraba triste, meditabundo, cabizbajo; casi, casi a punto de soltar el llanto.

Así lo encontró su compadre y amigo de toda la vida, quien acongojado al verlo en tales fachas, le preguntó el motivo, causa o razón que ocasionaba que él se encontrara en situación tan deprimente.

-¡Ay! Compadre—contestó el interpelado, ¡Tu comadre! ¡Tu comadre! Esta noche la mato o la suicido, pero de que se muere, se muere.

-No la amueles compadre, mejor platícame, porqué la quieres matar, a lo mejor te puedo ayudar a encontrar una mejor solución al problema.

El compadre, después de limpiarse sus ojos todos llorosos y su nariz moquienta, empezó con su relato.

-Mira compadre, tú sabes que somos muy pobres y en tu humilde casa la única forma de acompañar los frijoles es con un pedazo de carne que tengo que conseguir yendo de cacería al monte. Me tengo que ir con mi vieja escopeta, pasar varios días de sufrimiento y penalidades, salvándome de milagro de los peligros del monte, esquivando víboras, al tigre, etc., soportar la terrible comezón que me producen las guiñas, garrapatas y piquetes de moscos, y por si esto fuera poco, aguantar cómo me cala hasta los huesos el frío y la soledad de las noches. Luego, por fin, si la suerte me socorre y logro cazar un venado, todavía tengo que cargarlo hasta el rancho y subir la cuesta de la loma donde está mi casa.

Todavía no alcanzo resuello cuando aparece mi señora con el cuchillo en la mano e inmediatamente empieza a repartir el venado entre vecinos y familiares. Que una pierna pa' doña Juana, que otra pa' doña Cleo, que este lomito pa' mi mamá, que esto pa'llá, que esto pa'cá y a los dos o tres días allí va tu tonto otra vez de cacería. ¡Pero ya me cansé y esta noche mínimo las desmechoneo!

El compadre de aquél iracundo desdichado, después de meditar un momento le dio la solución.

-Invita a tu mujer a cargar el venado.

-¿¡Qué!?

-Sí, sí. Mira. Nomás no le digas las madrizas que te pones para cargar el venado. Mejor píntasela bonito.. No le hables de las espinas ni los peligros, ni del frío ni el calor.. Dile que la invitas a la cacería para que disfrute de los bellos paisajes, del esplendor de las estrellas que te cobijan en la noche, de los manantiales cristalinos que reflejarían románticamente sus imágenes, de sus exquisitas aguas, del aire fresco del monte, lleno de oxígeno, de la graciosa manera en que camina el venado, como si fuera un bailarín de ballet, el dulce canto de los grillos y los pajarillos silvestres, en fin.

El compadre siguió el consejo. Por supuesto la convenció. La mujer, entusiasmada, se fue con la falda larga hasta el tobillo. Al cruzar el primer "aguamal" se redujo a minifalda porque la prenda quedó desgarrada entre las púas. La blusa le quedó toda "chiruda". El calzado se le rompió por los difíciles caminos y las piedras y las espinas la hicieron sangrar. Las "guinas" y "guachaporis" los traía por todo el cuerpo. El sol le quemó la piel. El pelo se le maltrató: le quedó tiezo y desparramado como estropajo. Las manos le quedaron encallecidas al abrirse paso entre el espeso monte. Toda chamagosa, estuvo a punto de sufrir un infarto al toparse con una enorme víbora. Muerta de hambre, su imagen parecía sacada de un cuento de ultratumba.

Por fin, después de tantos martirios, un día encontraron al venado. Ella tuvo que contener el aliento y el hombre sigiloso, con la astucia y agilidad de un gato, se acercó a su presa, y con la mirada de un lince localizó el blanco justo para liquidar al escurridizo animal. ¡Bang! Y el venado había muerto. La mujer no cabía de júbilo pensando que su sufrimiento había terminado, pero no era así.

-Ahora, mi amor, quiero que cargues el venado para que veas lo bonito que se siente, le dijo el hombre masticando rabiosamente cada una de sus palabras.

La mujer casi se desmaya ante la desconocida mirada asesina de su marido, pero ante la desesperación por regresar a su hogar no tuvo aliento ni para replicar y cargó el venado hasta su casa cruzando veredas y montañas. Despatolada, con las piernas abiertas, jadeando y casi muerta, a punto de tronarle el corazón, llegó y depositó el animal en la sala de su casa.

Los niños y sus amiguitos, hijos de los vecinos, salieron a recibir a sus papás cazadores y acostumbrados a la repartición, le dijeron a su mamá con alegría

-Mamá, apúrate a repartir el venado porque la mamá de Pepito ya está desesperada.

-¿Qué pedazo le llevo a mi tía?, le dijo otro.

La señora, tirada en el piso, hizo un esfuerzo sobrehumano para levantar la cabeza y con los ojos inyectados de sangre volteó a ver a los niños y agarrando aire hasta por las orejas, les gritó.

-Este venado no me lo toca nadie y tú Pepito, ve y dile a tu mamá que vaya mucho a * & % $ ·) * ") ºº

En esta entrada decidí compartir este cuento que explica muy bien lo que para mi siginifica "Es fácil hablar de la carga cuando tú no la estas cargando"

Que tengan una excelente semana. Un gran abrazo.

Fuentes:
Correo Electrónico